Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 01

La Soldadito de Ithil

 Era una tardecita de primavera. En las cercanías de un bullicioso y colorido bosque, Eiko corría una mariposa. La mariposa bajó bruscamente hacia unas margaritas y la niña cayó de un porrazo con el que por poco aplastó a la lagartija que merendaba al amparo de unas ramas secas. «La mariposa está asustada» supuso la pequeña mientras miraba con alguna aprensión al animalito que se escurría bajo sus narices con la lengua que le siseaba inquietante. La mariposa, ajena a la chiquilla que la zumbaba, retomó su camino y se dirigió hacia al bosque. Eiko entonces con su inseparable amiga, un águila que se llamaba Härï y que escoltaba desde cierta altura a la niña sin que esta lo supiera, alegre continuó con el juego, uno de los que más la divertía y que trataba, pues, de perseguir mariposas.

 Llegando al bosque, Eiko perdió de vista a la mariposa. Con algún esfuerzo trepó por un accesible árbol rechoncho para ver si podía dar con ella. Lo que vio la puso al borde del llanto: un lobo que parecía estar asando un conejo y una bellísima flor, nada menos que un retoño de las niphredil que asomaron en la Tierra Media con el nacimiento de la hija de Melian, que había sido puesta en una maceta entre gusanos y que languidecía por el humo de las brasas. La pequeña se lamentó no haber venido con Ithïliendil y Lin Rochallor, que ellos habrían dado su merecido al lobo malvado. Pero el elfo, que se hacía llamar «el elfo sindar errante», y el corcel, que era sabio y de copiosas crines, se encontraban en los bosques de Lothlórien, así que la niña no tenía más ayuda que su águila, que había bajado en cuanto vio que su amiga estaba por meterse en líos, cosa que sucedía siempre que se le daba por correr mariposas.

 Pasado un rato de indecisión y sufrimiento, la niña se alejó hacia el arroyo que Härï con insistencia le indicaba, y se sentó a la orilla sobre un tronco enmarañado de maleza. La Principita, tal como cariñosamente la llamaba Ithïliendil, miró hacia el agua que iban salpicando las estrellas y echó a refunfuñar por la ausencia del elfo. Tomó una piedra y la arrojó con encono. Vio a la luna sonrosada en el agua, e imaginó que Ithïliendil estaría como tonto con el violín dedicando a Ithil alguna canción. Esto la enfureció todavía más. Cuando iba a arrojar otra piedrita, la niña advirtió en el lago una estrella fugaz que le recordó una charla con Ëlen, su mejor amiga:

 -Te la regalo si no me dices más que canto como un búho triste.

 -¡No sé! ¿Qué es?

 -Es una tiara.

 -¡Una tiara! ¿Qué es una tiara?

 -Una tiara es un adorno para niñas. Pero esta es más linda, porque es una tiara lunar. ¿Viste? ¡Se parece a la luna!

 -¡Sí! ¡Se parece a Ithil cuando está contenta! ¿En serio me la regalas?

 Eiko sacó la tiara de su mochila y se la quedó mirando. La gema que la adornaba refulgía en plata y rosa, con un brillo que la hizo pestañear incómoda. Era verdaderamente hermosa, de una hechura tal que ningún elfo en la Tierra Media podía ya replicar. La Principita se puso la tiara. De cuclillas ante el arroyo, se divirtió mirándose ensayar caretos. Entonces recordó al lobo malvado, y pensando en las palabras que le había enseñado Ëlen, probó a decir:

 -¡Tiara de Ithil! ¡Transfórmame en la Soldadito de Ithil!

 La niphredil marchitaba. Las mariposas que se habían acercado para brindarle compañía, desorientadas por el humo, caían duras como hojas secas. El lobo jugueteaba con otro conejo; la luna, que asomaba entre los árboles, lo iluminó con el animalito en los colmillos. El animal aulló y con los ojos sangrientos deseó que la intrusa bajase en la forma de un cervatillo, su manjar preferido, para asarla con gusto. El aire trajo la fragancia de las violetas, entonces el lobo soltó al conejo, que huyó cojeando, y levantó la cabeza hacia el árbol donde una pequeña sombra lo acusaba con vocecita y palabrería que habrían exasperado hasta a los ents.

 -Los conejos son mis amigos y me gusta jugar con las mariposas corriendo por las flores. No puedo soportar que los hayas lastimado. ¡Soy la Soldadito de Ithil y te castigaré en el nombre de la Luna!

 El lobo se pasó la lengua por los dientes: «es una niña». La pequeña vestía un conjunto blanco compuesto por una blusa con mangas volantes y un moño violeta en el pecho, y amplia falda con bordados también violáceos que le caía sobre las rodillas y estaba ceñida a la cintura con un fajín con lazo. En los pies calzaba unos zapatitos con moño. Los ojos los llevaba cubiertos con un antifaz, en las orejas lucía unas pepitas de plata y en la frente la tiara, que relumbraba como la luna. «Esta delicia no es comida de todos los días». El lobo pensó en los cuentos que se narraba sobre su especie, y se contentó porque iba a honrar a sus hermanos con la mocosa a las brasas; dio un largo y terrible aullido y saltó. La niña gritó y bajó aterrada la cabeza, pero la tiara le quemaba la frente y tuvo que quitársela. Entonces, como en sueños y entre llantos, la arrojó diciendo:

 -¡Tiara de Ithil, castiga al lobo malvado!

 La tiara dio en la cabeza del lobo, que huyó dando aullidos y con la frente chamuscada. La niña, transcurridos unos segundos de dudas y temor, festejó a los gritos y saltos. Bajó del árbol. Con la ayuda de Härï extrajo la niphredil de la maceta a la que la habían aprisionado y la plantó junto a un árbol donde se levantaba un panal. Las abejas, confió la pequeña, cuidarían en adelante de la última de las niphredil. La niña, con la promesa de venir a visitarla, se marchó tarareando alegre una cancioncilla mientras comía las frutillas con las que el bosque la había recompensado..

 La Principita estaba de pie sobre el saliente de una colina mirando hacia la luna con una gatita en el regazo, blanca y algo rosada, de ojos violetas y con una media luna dibujada en su frente, y habló con alegría:

 -Ëlen, ¡qué divertido es jugar a la Soldadito de Ithil! ¡Pero no me dijiste que Härï se iba a convertir en un gato! Cuando me quite la tiara, espero que vuelva a ser mi águila. Igual, es una gatita muy linda, ¡y que habla! Se va a llamar Isil. ¡Qué contento se va a poner Ithïliendil cuando le cuente que soy una heroína de cuentos como Lúthien! Aunque lo voy a pensar. No sea cosa que si le cuento le de envidia y me prohíba jugar a la soldadito de la luna.

 Ep Sig:

                                  ———————————

eiko-final fantasy ix

 •Eiko: la niña del videojuego Final Fantasy IX. Tiene seis años, igual que la otra niña que se menciona, Ëlen. Aquí no tiene el cuerno de invocadora.

 •Ithil: en la lengua sindarín que creó Tolkien, «luna». Isil significa lo mismo, pero en quenya.

 •La historia es un crossover ambientado en la Tierra Media de Tolkien. Claro, una Tierra Media no canónica. Se sitúa antes de la partida de los hobbits de los Puertos Grises. No requiere saber de Tolkien, pero si vieron las pelis, mejor.

Mi Google+

Un comentario en “Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 01

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s